Derechos culturales: Zapata después de Zapata

La observación de la política cultural y su ejercicio pareciera estar centrada en una serie de leyes y normativas que enmarcan la toma de decisiones. Sin embargo, la última semana la reflexión ha girado en torno a temas que no necesariamente se encuadran del todo en un instrumento jurídico.

En el Museo del Palacio de Bellas Artes se expone la muestra Zapata después de Zapata, la cual, según la cartelera del espacio expositivo, se abrió al público el 27 de noviembre de 2019 y permanecerá hasta el 16 de febrero de 2020. La polémica, las marchas y las notas de diversas figuras tanto del mundo artístico como de la población en general, a partir de la exposición de la obra “La Revolución” del artista Fabián Cháirez, muestran que aún en el siglo XXI y en un momento en el que todos suponemos cierta autonomía, apertura y libertad de expresión, en el ámbito cultural público se mantiene un modo de pensar atado a lo convencional, antidemocrático y con miedo a afrontar cambios.

Más allá de que nos preocupan las diferentes problemáticas que atañen a la población mexicana por la carencia de abordajes desde la perspectiva de género, por ejemplo la supuesta “tolerancia” que se defiende desde tradicionalismos inaceptables en una nación democrática, el Observatorio de Arte y Cultura condena la violación a los derechos culturales y de autor de artistas, curadores y profesionales del ámbito museístico.

Luego de una serie de acusaciones y manifestaciones por parte de una comunidad que se afirma afectada al tener lazos de descendencia del personaje revolucionario (construido literariamente y que responde a construcciones dicotómicas basadas en un “deber ser”) referido en un documento artístico, el Museo del Palacio de Bellas Artes, a partir de un diálogo entre la familia Zapata, la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes, decidió eliminar la obra del artista Fabián Cháirez de la publicidad de la exposición Zapata después de Zapata y añadir una cédula que explica el descontento de la familia y que rompe con la propuesta curatorial del Dr. Luis Vargas Santiago.

En este caso, la decisión de los funcionarios que un principio se manifestaron a favor de los temas de inclusión y de libertar de expresión, en este momento se muestran violatorios a los derechos y a la producción intelectual de artistas y profesionales de la cultura. Una vez más la producción cultural que se otorga a la población se aleja de la construcción de conocimiento y de la posibilidad de propiciar libertar de pensamiento en los públicos. El INBAL y la Secretaría de Cultura demostraron que la centralización de discurso continua y cada día aumenta más. Nos enfrentamos a la inexistencia de cuestionamientos a la “historia oficial” y por lo tanto, se retrocede en el tiempo al censurar obras que muestran otras realidades, otras latitudes y que nos piden ir más allá de la construcción de género tradicional.

A este mismo respecto, las notas periódicas no sólo han cuestionado las decisiones en torno a un movimiento de género y un proyecto expositivo, sino que de nuevo son los trabajadores de cultura los que llegan al fin de año con el ya mencionado #Yapágameinba. Podría parecer que los escándalos y las notas amarillistas sobre la obra de Cháirez de las que el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura parece huir, se utilizan también como pretexto para opacar que no sólo se menosprecia y se viola la producción cultural, sino que el trabajo que lo produce no se considera propio de ser pagado y respetado.

El Observatorio de Arte y Cultura manifiesta que existe una falta a los derechos de los artistas como Fabián Cháirez, a la producción curatorial de Luis Vargas Santiago, al público que atiende a museos del INBAL, pues los discursos se mantienen sesgados y sin posibilidad de diálogo y, finalmente, a todos los profesionales que dedican sus días a investigar, curar, producir y mover exposiciones, pues su trabajo pareciera no tener la suficiente importancia. Los temas de este posicionamiento abren camino y denotan los huecos que deben ser atendidos por la administración pública, por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y por la ciudadanía en general. 

Observatorio de Arte y Cultura

*Imagen La Revolución, 2013, Fabián Chairez. Vía Instagram del autor @fabia_chairez